Suave movimiento de la imprecisión una melodía que se me
acabó
viajando por valles
de plata buscando un conejillo que se me escapó.
Soñando con ventanales de luz familiar no se hacia donde
caminar.
He oído pitos, flautas, orquestas de rock and roll y
cuartetos de cuerda para rato,
en los aposentos de este barco barato.
Pero nada me suena como la luz de tu voz, nada se acerca a
su resplandor.
Me encuentro atado al timón pensando en lo que no sé, no sé
quien hizo el mundo ni tampoco quien nos puso aquí…
Pero si sé que se acabaron los días de luto y las huidas por
la puerta de atrás, hoy voy a empezar a dejarme llevar sin mirar atrás.
Y mañana hervirán las calles de mi antigua ciudad, tengo un
asuntillo allí
un antiguo amor que no conseguí.
Que por muchas cartas como estas que lleguen a su buzón
siempre pediré no hacer caso al sermón.
Y dejar las cosas de hoy a mañana por comprar dos botellas de
ron
ya no será mi dulce perdición.


Si, dulce perdición. Siempre hay cuentas pendientes que, al final, nunca saldamos o, al menos, no somos capaces de hacerlo y/o de hacerlo bien.
ResponderEliminar