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miércoles, 9 de marzo de 2011

Moira: La nana de la luna al pianista de jazz


Me enamoré de su tesoro y le recogí de sus derroches enseñándole los prados, y ¿ahora todo lo que usted consigue ofrecerme es una copa de ginebra?.
Confiaré en el instinto y dejaré que le sacuda el cielo de los que creen y no de los que dudan.  ¿Quiere esperar en un mar que aun no sabe navegar? No se quede a años luz, yo estoy decidida me pregunto ¿lo está usted?
No le voy a dejar que me haga tropezar con otra copa de ginebra, no podría equivocarse conmigo, no toda persona desafortunada y buena tropieza con un edén, deja que este edén te enseñe su copa de amor, no es tan fuerte como la ginebra que quema tu garganta cada anochecer, pero si más dulce y sabroso como el amanecer que nos puede ofrecer  este prado.
Confía en mi deja que te tape los ojos y te susurre que subiré a tu espalda cuando se besen la luna y la arena, nadie nos mirara porque esta noche es nuestra, no habrá testigos, no habrá evidencia, somos solamente yo y su conciencia, ¿le apetece esta copa? No dude que a esta le invito yo.

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